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Foam Cafe

15 Abr

Dublín es la ciudad con más bares por metro cuadrado* pero la gran mayoría sigue el estilo irlandés sobrio y cuadriculado. Aquí no se complican demasiado, lo importante es el alcohol y cuando llevas media docena de pintas en lo alto el peor antro del mundo parecerá hermoso.

Así que si algún día visitáis la ciudad y buscáis un lugar peculiar, original y con estilo, os dejo aquí una bonita recomendación: el Foam Café.

Es uno de esos sitios que entran por los ojos. Su decoración es de los más peculiar. Combina elementos clásicos, modernos y más de un accesorio hortera, con elegancia y sofisticación. Además hace las veces de galería de arte oferta obras.

En el menú podéis encontrar comida orgánica y española, además de suculentos postres caseros.

Foam Cafe

24 Strand St. D1

Dublín (Ireland)

* Este dato lo he realizado por la cuenta la vieja.

Al Este de Londres

14 Abr

A menudo me sucede que cuando estoy en un lugar que me gusta mucho, me convierto en una esponja que trata de absorber en la memoria todo cuanto me rodea. Mis sentidos trabajan a contrareloj captando imágenes, sonidos, olores… en fin, esas cosas que hacen los sentidos. Pero cuando vuelvo a casa una psicodelia de ideas comienza en la pequeña sala de cine situada en algún rincón de mi cerebro donde yo, sentada en las últimas filas, las trato de poner en orden. Y al final todo parece un sueño. Extraño ¿verdad? Pues eso me ha pasado hace pocos días tras mi visita al barrio de mayor cultura consumista de Londres.

East End

Situado (como su propio nombre indica) al Este de la ciudad, además de ser escenario de los crímenes de Jack el Destipador, East End es famoso por acoger a todos los que llegaron a Londres para quedarse. Descendientes de hugontes, judíos, irlandeses y la reciente oleada de indios avivan sus calles junto a turistas y londinenses de pura cepa. Y aquí llegue yo para perderme entre sus fabulosos mercados.

Entré al Old Spitalfields Market por una remodelada zona que poco evocaba aquel mercado que Carlos II inauguró en 1682 y que sería el más importante de la ciudad destinado a dar alimento a la población de los suburbios que no paraba de crecer. Locales con restaurantes y cadenas de comida rápida me daban la bienvenida, fue entonces cuando la vi, ‘Bohemia’ bonito nombre para una tienda de antigüedades, sillas, relojes, mesas, baúles, incluso vigas se exhibían en un pequeño bajo que más que una tienda, parecía un museo. Comenzaba aquí el auténtico Old Spitalfields Market, el edificio de 1887 se abría ante mis ojos y bajo su techo pequeñas estructuras de hierro albergaban cada uno de los puestos. Y en esa mixtura de lo viejo y lo nuevo, de los isabelino, lo barroco, lo moderno y lo exótico, me perdí todo un domingo.

Ropa de estilo retro, ropa de segunda mano, ropa que misteriosamente había perdido la etiqueta, bisutería, artistas que vendían sus obras, souvenirs londinenses y un mercado de comida ecológica se mezclaban con los bares y tiendas de firmas de moda (además de una bonita tienda especializada en Toy Cameras que me enamoró).

Brick Lane

Continuando el paseo por Hanbury St, llegué has Brick Lane que significa ‘el camino de los ladrillos’, y se llama así porque en esta zona estaban situadas las fábricas donde se cocieron los ladrillos para reconstruir la ciudad tras el gran incendio de 1666 que destruyó gran parte de la capital y dejo a ochenta mil personas sin hogar. Ahora muchas de esas fábricas albergan tiendas y mercados del Londres excéntrico y vintage que había venido a buscar.

Horas entre ropa y accesorios de épocas pasadas que alguna vez fueron complementos de otras vidas y que hoy se ofertan al precio del oro. Chaquetas twee, faldas plisadas, rebecones de lana, gafas de los año 50, sombreros de antiguos gentelmen, zapatos de baile, joyas, revistas y pañuelos. Un sin fin de prendas de olor añejo que escondían recuerdos y esperaba, como perro en la perrera, un nuevo amigo al que hacer feliz. Un espectáculo para los amantes de lo retro difícil de explicar en palabras.

Ante la escasez de escaparates pero abundancia de productos, buscando joyas llegué hasta un mercado gastronómico dentro del Sunday Up Market, donde había lugar para todas las regiones del planeta. Y allí rodeados de olor a especias y verdura fresca comimos mis acompañantes y yo.

Al salir de nuevo a Brick Lane, los comerciantes recogían sus bártulos y la gente se estancaba en la calle, comiendo, bebiendo y posiblemente debatiendo sobre las frescas compras. Los mensajes que advertían de ladrones apenas podían verse entre una multitud estilosa y viva que se disponía en la calle como formando parte del mobiliario, como posando para algún artista local, como siendo una obra de arte urbana más.

Allí estaba el Londres retro del siglo XXI desplegándose ante mis ojos mientras yo seguía degustando reliquias en las tiendas que poco a poco cerraban hasta la jornada siguiente. Ya solo quedaban bares en los que refugiarse y en ellos seguimos hasta que cayó la noche, pensando compartir con vosotros esta experiencia que os aconsejo honestamente.

*Agradezco a Eva y Juan su amabilidad y su dedicación a hacer de guías en este paseo dominguero.