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Simple Bob

24 May

Músico, poeta, profeta, revolucionario, vendido y leyenda son etiquetas que Dylan ha llevado consigo en el transcurrir de los años y su carrera. El hombre de interior hermético e infranqueable que se abre al mundo a través de acordes y palabras, cumple hoy setenta años.

El blues y el Rhythm & Blues que escuchaba por la radio en sus días de infancia en Minnesota, le enseñaron a amar la música, haciendo de Little Richard su ídolo por excelencia. Su estilo ha sido siempre una absorción de los caracteres de iconos como Marlon Brandon, James Dean o Woody Guthrie al que se acercó perdiéndose en Dinky Town (el barrio bohemio de Minneapolis donde descubrió la música folk), y al que llamó ‘el último ídolo’.

En Enero de 1961 llegó a Nueva York (que vivía su invierno más duro), con la única intención de conocer a Guthrie, ingresado y gravemente enfermo. Es aquí donde Dylan construye su propia biografía, toma su nombre artístico y comienza a actuar en el Village, empapándose de las culturas alternativas que se vivian por aquel entonces en la ciudad norteamericana.

Nueve meses más tarde graba su primer disco producido por John H. Hammond, que sólo tendría dos composiciones originales de Dylan y que apenas se vendió. Pero poco después, durante su relación con Suze Rotolo, comienza el despertar del Bob cantautor de letras acusadoras que se convertiría, tras su primera actuación en el festival de New Port, en el chico de oro del folk e ídolo de los movimientos juveniles que se dieron a principios de los sesenta en EE.UU.

“No crees nada porque te perseguirá y será para siempre. Te perseguirá el resto de tu vida”. A Bob Dylan no han sido sus creaciones quienes le han perseguido sino las masas sedientas de un ídolo y profeta al que venerar.  Y él nunca quiso ser el portavoz de ninguna causa política.

Fue de nuevo en New Port (1965) donde dejó patente el primer de los numerosos cambios que se producirían en su carrera y en su vida personal. Dylan enchufa la eléctrica y es llamado ‘el judas del rock’n’roll’. Abucheado, perseguido y más individualista que nunca, contínua haciendo el tipo de música que le apetece en ese momento y que él mismo apoda como ‘música visual’.

Tenía veinticinco años y había llegado a lo más alto, era influencia para todos los músicos del momento, entraba y salía de hoteles de cinco estrellas y tonteaba con las drogas. Hasta que un accidente de motocicleta le apartó de los escenarios por varios años.

Tras el accidente, Dylan da un vuelco a su personalidad y a su relación con la música. Se recluye en su casa de Woodstock y dedica tiempo a su familia. Comienza su época más creativa y graba grandes temas que giran en torno al country con The Band, sin preocuparse por la calidad de la grabación y de instrumentalización simple. Es el Dylan del autoexamen, el Dylan de lo más profundo.

Vuelve a la carretera y a los escenarios con más furia que nunca. Continúa inspirando a estrellas como Jimi Hendrix y John Lennon. Y cuando había borrado el stigma de cantautor implicado en las protestas del pueblo, escribe ‘Hurricane’ donde grita la inocencia de Hurracaine Carter condenado injustamente por un triple homicidio.

Entonces se abrazó a la fe. Se convirtió al cristianismo y vio en Jesús al verdadero profeta que decían que él era. Tras varios trabajos que se conocen como ‘menores’ Bob demostró al mundo que aún no lo había dicho todo, que le quedaba tanto por crear y que aún no había oscurecido. Tras la publicación de ‘Time out of mind’ volvió a dejar claro porqué él es el músico más influyente del siglo XX. Un artista que a sus setenta años continúa en la carretera, que no necesita el reconocimiento de nada para subsistir, que vive la música y reinventa, como nadie podría hacerlo, sus propias canciones.

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Honolulu Rock-A-Roll-A

6 May

El concierto que Kitty, Daisy & Lewis dieron anoche en la Button Factory de Dublín, me sorprendió gratamente. Primero por el fantástico sonido de sus acordes que harían bailar a los muertos y segundo porque, a pesar de haber escuchado su primer Lp hasta la infinidad, conocía muy poco de la historia de este grupo.

Los tres componentes son los hermanos Durham y en el escenario las acompañan papá Durham (guitarra rítmica) ingeniero jefe de los Exchange Recordings, uno de los estudios de grabación más famoso de Londres, y mamá Weiss (contrabajo) batería del grupo punk The RainCoats. Con semejante sangre artística corriendo por sus venas, no es de extrañar que cada uno de los jóvenes componentes se desenvuelvan como pez en el agua ante infinidad de instrumentos. Cada canción se ofrece como una oportunidad de hacer valer su talento delante de una armónica, un banjo, un ukelele, un piano, un acordeón, un xilófono o la percursión.

Influenciados por grandes como Louis Armstrong, Ray Charles o Sam Cooke; Kitty, Daisy & Lewis han creado melodías que giran entre el rockabilly, el country, el blues o el rock and roll más primitivo, devolviéndonos a épocas que parecían ya muy lejanas en el tiempo para nuestros oídos.